Por Suzanne Potter
Este artículo fue publicado originalmente en inglés.
Uno de cada cinco hogares en Las Vegas ya no pertenece a familias, sino a corporaciones. El dato, revelado por Redfin, refleja una tendencia que inquieta: el acceso a la vivienda se aleja cada vez más de los bolsillos de la gente común.
Quienes critican el fenómeno sostienen que estas compras masivas exprimen la oferta y disparan los precios. Lo que antes era una oportunidad para el comprador primerizo, ahora se convierte en un arriendo caro, con pocas alternativas de ahorro a futuro.
La senadora demócrata Dina Neal lo resume así: limitar la compra de corporaciones es parte de una estrategia para garantizar que las familias puedan competir en igualdad de condiciones. Su proyecto, que buscaba restringir las adquisiciones a 100 viviendas al año, se hundió en mayo en el Senado estatal. Al mismo tiempo, el gobernador Joe Lombardo firmó una ley que inyecta $133 millones de dólares en préstamos y subsidios para trabajadores esenciales que quieran dar el paso hacia la propiedad.
El asunto no se queda en las viviendas ya existentes. Neal ha visto cómo barrios completos de casas recién construidas terminan en manos de corporaciones que las destinan al arriendo. “Decían que ofrecían un plan para que los compradores pudieran adquirirlas después”, relató. “Pero, mientras tanto, ¿quién se queda con la apreciación de la vivienda?”.
La respuesta parece clara en los números. Un estudio de la Universidad de Nevada en Las Vegas mostró que la mayoría de los residentes no puede comprar casa: con hipotecas de $3,000 dólares al mes se requiere un ingreso de $120,000 dólares al año, cuando el promedio local está $40,000 por debajo.
Las corporaciones defienden su papel. Alegan que sus arriendos permiten a familias vivir en vecindarios nuevos y bien mantenidos, incluso si no califican para una hipoteca.














